La primera conquista, la conciencia

(1) Manifestación obrera. Obra del maestro arequipeño Teodoro Núñez Ureta. (Colección de César Lévano).

(2) Manuel González Prada. Estuvo en contacto directo con los obreros.

(3) A comienzos de enero de 1919, el periódico llamó a la ofensiva final.

(4) HAYA EN VITARTE. A la derecha del líder estudiantil aparece Julio Portocarrero; a la izquierda, Alberto Benites. Ambos dirigentes textiles de Vitarte fomentaron la creación de la Universidad Popular “González Prada” en ese pueblo obrero.

(5) CANCIONERO. Recoge el repertorio del Centro Musical Obrero. Las partituras, escritas por el dirigente obrero y clarinetista Delfín Lévano, que estudió música en el Ejército, se han publicado en dos ediciones con un ensayo preliminar de César Lévano.

(6) REBELDES. Los obreros anarquistas peruanos -no agitadores extranjeros, como afirman extremistas de derecha y de izquierda- dirigieron el despertar, la organización y la lucha por las ocho horas, lucha que abarcó una movilización cultural.

El siguiente texto fue publicado por César Lévano en la edición número 105 del semanario Marka (24 de mayo de 1979), con el título de “1908-1919: La revolución cultural de los obreros peruanos”. Los textos tienen su historia: éste buscó subrayar el papel de la conciencia, de la cultura, en la lucha de los forjadores del sindicalismo peruano. Decisivo fue el magisterio de Manuel González Prada en la formación de la vanguardia proletaria.

La Constitución española de 1931 fundó una “República de trabajadores” que inspirara hasta una novela dolorosa e irónica de Elías Ehrenburg: “España, república de trabajadores”. En el Perú seremos pronto, al menos por escrito, una República “de trabajadores manuales e intelectuales”. Los autores de esta hazaña verbal son los mismos que defienden los cimientos del capitalismo y el imperialismo y los mismísimos que se han caracterizado por desfigurar la historia obrera de nuestro país. Por todo ello nos parece oportuno recordar algunas de las hazañas intelectuales de nuestros trabajadores “manuales” de comienzos de siglo. La lección también vale para quienes creen que para movilizar a las masas bastan un par de consignas frenéticamente repetidas.

Un joven estudioso italiano del teatro mundial me expresó alguna vez su asombro de que en el Perú hubiera existido a comienzos de siglo un movimiento teatral obrero cuyos protagonistas eran trabajadores de fábrica.

Y, sin embargo, es la mera verdad. Algo más: eso constituye uno de los signos de la temprana vocación de cultura de nuestro proletariado. Cabe agregar que el teatro obrero en Lima o en Vitarte estaba dirigido por quienes al mismo tiempo eran líderes del naciente movimiento proletario.

Manifestación artística y empeño social eran una sola cosa para esos hombres lanzados a la conquista del pan y la cultura.

En las páginas del periódico “El Oprimido” Nº. 9, de mayo de 1908, encontramos uno de los primeros documentos de ese quehacer. En esa edición, al dar cuenta de la paralización por el 1º. de Mayo en las fábricas textiles de Vitarte, La Victoria, San Jacinto, Santa Catalina y El Progreso, así como en otros centros de labores, se expresa: “Inútiles los esfuerzos de los sempiternos titiriteros políticos por convertir en día de fiesta el 1º. de Mayo”.

El 1º. de Mayo no era entonces feriado. No acudir al trabajo era signo de coraje. En esa atmósfera hay que ubicar el acto del 1º. de Mayo de que se da cuenta en la citada edición, organizado por el Centro de Estudios Sociales Primero de Mayo, íntegramente formado por trabajadores “manuales” que conocían bien este pensamiento de González Prada:

“Solo hay un trabajo ciego y material -el de la máquina; donde funciona el brazo de un hombre, ahí se deja sentir el cerebro.” (Discurso “El Intelectual y el Obrero” en “Horas de Lucha”).

Lo cierto es que en esa fecha se estrenó el elenco del Centro Artístico Apolo, fundado, decía “El Oprimido” Nº. 10, “con el laudable propósito de contribuir al desarrollo intelectual de los trabajadores mediante la representación de obras que sean fiel reflejo de la vida práctica”.

El Apolo tenía el siguiente comité directivo: Presidente, Abraham Barrera; Vicepresidente, José Crovetto; Tesorero, Demetrio Espinoza; Bibliotecario, Roberto Infante; Secretarios, óscar R. Méndez y Delfín Lévano, y Director de Escena, Luis Romero.

Todos o casi todos esos personajes iban a desempeñar o desempeñaban ya un papel protagónico en el sindicalismo surgente e insurgente.

Era sólo un comienzo
Por esos años surgiría también el Centro Musical Obrero, cuyo Coro era ensayado por un músico de rigurosa formación académica, Juan B. Ugarte. Alguna vez la orquesta encabezada por el clarinetista Delfín Lévano, que había aprendido Música en el Ejército como recluta, puso sobre el escenario del Politeama una “Sinfonía del Trabajo”. Sin saber nada de Música concreta, los compañeros anarcosindicalistas hicieron sonar como parte de la ejecución un auténtico yunque cotidiano…

De viejos obreros escuché evocar el fervor de la veladas de “La Protesta” y el grupo teatral Germinal, y alguna vez, en corralones de Lince o de Surquillo asistí, de niño, a funciones clandestinas en que los viejos reponían las tercas escenas de su despertar y su esperanza. Entre el teatro y la vida había para ellos un breve tránsito.

EL “9 DE ENERO” DE VITARTE
Hubo en Vitarte el 9 de enero de 1915 un conato de masacre que sólo fue evitado por la inesperada presencia en un tren del general Avelino Cáceres, el gran jefe de montoneros. Un ¡alto, carajo! del corpulento y vozarrón héroe de La Breña contuvo la fusilería.

El episodio, que había empezado con un reclamo obrero, concluyó de todas maneras con la muerte del textil vitartino Andrés Vilela y varios heridos.

En recuerdo de ese hecho se fundó el Cuadro Artístico “9 de enero”. Mencionar a los actores de ese grupo teatral es reiterar los nombres de los dirigentes vitartinos en la lucha por las ocho horas: Adalberto Fonkén, Fernando Borjas, Antonio Patrón, Héctor Merel, Julio Portocarrero, Alberto Benites, Melquiades Arroyo.

El repertorio del elenco vitartino es impresionante. “El Cristo Moderno” o “El Espíritu de Tolstoi”; “Juan José” (nada que ver con el transitorio director de “El Comercio”); “En familia” y “Los muertos” de Florencio Sánchez (el máximo autor teatral de LatinoAmérica, exdirigente de una huelga portuaria en Montevideo); “Los espectros”, de Ibsen. Es decir…

Habría que agregar el intenso papel que desempeñaron en esos días las bibliotecas obreras: la del jirón Trujillo, en el Rímac; la de Vitarte; la que sostenía el negro Julio Reynaga en Trujillo; aparte de las sustantivas de algunos dirigentes obreros, que la policía fue saqueando, profanando, destrozando, al tiempo que martirizaba a sus dueños y lectores.

Sería injusto omitir periódicos obreros como “Armonía Social” o “Plumadas de rebeldía”, o los cancioneros rebeldes.

En el libro de homenaje a “7 Ensayos” (7 Ensayos: 50 años en la historia) que acaba de aparecer -texto polifónico y macizo, al margen de mi contribución personal- he intentado señalar cómo y por qué veo en José Carlos Mariátegui la continuación, y superación dialéctica de esa revolución cultural que figura entre los heroísmos de nuestros pioneros.

De esa gran veta se nutrió el Amauta, que iba a escribir en su olvidado texto sobre “Las Universidades Populares”:

El capital es expropiable violentamente. La cultura, no.

Nacida en los últimos años del siglo XIX, la clase obrera peruana avanzó temprano y rápido por el camino de la lucha de clases. En esa vía heroica, una de sus conquistas más difíciles -para ellos que a veces trabajaban doce horas, y de noche- fue la cultural.

Ese pasado es el que quisieran ocultar, o por lo menos deformar, el APRA y todos los enemigos de los trabajadores, que tienen miedo de que las manos callosas se apoderen también de la cultura, fruto jugoso siempre necesitado de la savia vital de los de abajo.

César Lévano
Director

web: http://www.diariolaprimeraperu.com/online/especial/la-primera-conquista-la-conciencia_37632.html

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