Intervención en la presentación del Libro “La Utopía Libertaria en el Perú, Manuel y Delfín Lévano”, y homenaje a dirigentes sindicales de la Federación de Obreros.

Ps: Informe de gestion y labor parlamentria, Paginas: 78-79-80-81-82-83-84-85

Gestion Parlamentaria julio 2006 – julio 2007 del Congresista peruano Aldo Vladimiro Estrada Choque.

http://www.congreso.gob.pe/congresista/2006/aestrada/_gestion.htm

Señores:

En mi calidad de Presidente de la Comisión de Trabajo del Congreso, quiero expresar mi reconocimiento a la Señora Presidenta del Congreso Dra. Mercedes Cabanillas, a la Señora Ministra de Trabajo y Promoción del Empleo Dra. Susana Pinilla, a los Señores Congresistas, al Fondo Editorial del Congreso, a los señores dirigentes e integrantes de las Centrales Sindicales y a todos los amigos y amigas presentes en este acto de homenaje a los trabajadores de nuestra patria; y en el que se presentará el libro “La Utopía Libertaria en el Perú, Manuel y Delfín Levano”, y al mismo tiempo, expresar un afectuoso saludo a los ex trabajadores de la Federación de Obreros Panaderos “La Estrella del Perú”, quienes participaron en las gestas que tuvieron lugar a inicios del Siglo XX, por la consecución de la jornada de las ocho horas, todos integrantes del movimiento libertario – anarquista, liderados por los Levano y sobrevivientes de aquella epopeya. A todos los presentes, les expreso mi agradecimiento especial, por acompañarnos en este acto tan importante y trascendental en el cual queremos renovar nuestra fe, nuestra convicción y esperanza, por que los hermanos trabajadores, luego del tamiz inmisericorde del tiempo y de las múltiples circunstancias pasadas, puedan encontrar el camino que los conduzca a la consecución de sus derechos y reivindicaciones, conjugando la realidad con las capacidades y posibilidades que puedan darse, sin olvidar,

que cuanto mas unidos puedan estar con el pueblo, será posible alcanzar equidad y la justicia, por que por el pan, la libertad y la dignidad, bien vale arriesgar todo, incluso la existencia, aun cuando como alguien decía: que los bienes y glorias de la vida o nunca vienen o nos llegan tarde, más, hay

que estar convencidos, que nada grande se ha producido en el mundo sin pasión, sin esfuerzo y sacrificio, y esta es la condición para que algo grande y justo nazca de los hombres en bien de sus iguales. Los crímenes de Chicago que costaron la vida de cientos de trabajadores, lograron que los gobiernos reconocieran la jornada de las ocho horas y otras reivindicaciones que hoy tienen. En la actualidad, casi gran parte de los países democráticos, rememoran el primero de mayo, como el origen del movimiento obrero moderno y así lo reconoce la Organización Internacional del Trabajo. En nuestra Patria, es en 1896 en que los obreros inician sus jornadas para el reconocimiento de sus reivindicaciones y concretamente, en el año 1905, se celebra por primera vez, el día del trabajo en

Lima. Sin embargo, es con el gobierno de José Pardo y Barreda que los trabajadores, consiguen el 15 de enero de 1919, luego de memorables acciones que costaron grandes sacrificios y vidas inocentes, que por fin se reglamente para nuestros trabajadores el Decreto Supremo que oficialmente reconoce la jornada de las ocho horas en nuestra Patria.

Estos acontecimientos marcaron la emergencia del sindicalismo anarquista, que se organizó y tomó fuerza rápidamente, con Manuel y Delfín Levano desde el sindicato de panaderos “La Estrella”. Pues en 1905, cuando en la Rusia Socialista se desarrollaba la primera insurrección popular encabezada por el proletariado, en nuestra Patria los Delfín decían, que lo que hoy hacen los esclavos de Rusia, lo harán mañana los esclavos del Perú, refiriéndose a los trabajadores.

 

Las condiciones en que surge el sindicalismo peruano.

 

La Federación de Panaderos “La Estrella”, fue como lo demuestran un sin numero de documentos, la que inicio la lucha por lograr la dignidad del trabajador de la ciudad y del campo; al costo de sangre y vida entregadas a la defensa de la organización sindical y sus reivindicaciones.

Queremos destacar, que no solo el Perú ha sido la plataforma de la lucha de la clase obrera. En la historia de la Unión Internacional de Trabajadores, editada en español en 1989, encontramos el caso de los panaderos alemanes sobre su situación. Agusto Bebel el líder socialista y gran impulsor de la

organización proletaria de aquel país, publicó en 1990 los resultados de las encuestas realizadas a estos agremiados donde se dice: las panaderías casi generalmente emplean a cinco panaderos ayudantes y tres aprendices. Los ayudantes trabajan 14 horas diarias y los aprendices 16 horas. No hay ningún día de descanso en el curso del año. La alimentación es miserable y una parte del escaso salario sirve para completarla. Todos los empleados son brutalmente tratados”. Wolfang Gohete decía: “ aquí el drama se niega avanzar, una maldición pesa sobre esta realidad. Hay que hacer hablar a un Dios; por que los trabajadores vivan como verdaderos seres humanos”. Se refiere a la Alemania de esos tiempos. Nos preguntamos, que pensaría Gohete y tantos otros que se entregaron a la causa de las ocho horas de labor, si constataran y vieran que en el Perú de nuestros días, hay otra vez jornadas de trabajo de doce o más horas, sin que a nadie le interese solucionar esta realidad y menos a los propios explotados por el temor de ser despedidos y verse deambulando por calles y plazas buscando ocupación, de la mano con la necesidad y la pobreza? Manuel y Delfín Levano afirmaban: “Es cierto que el mundo descansa sobre los hombros de nosotros los trabajadores, y el hecho se nos explica como algo natural que durará eternamente. Más, cuando la manera de apreciar el fenómeno social, todo esto corresponde precisamente a todos los que se benefician con este estado de cosas” . Ante estos hechos y en una realidad de gran explotación, de vil aprovechamiento y sometimiento, a inicios del novecientos se generaron huelgas, paros, despidos en masa, prisiones, torturas, listas negras y muertes, hasta que al final los panaderos y textiles impulsaron el paro general del 13 de enero de 1919, y es entonces que el Presidente José Pardo y Barreda firmó el Decreto Supremo que concedía la jornada de las ocho horas y que fue leído por el Ministro ManuelVinelli en las gradas del Ministerio de Fomento, que así se llamaba entonces el hoy Ministerio de Trabajo y del Empleo, y se ubicaba en el local que es hoy del Museo de Arte. Hubo algarabía, llanto, abrazos, en fin, todo cuanto se pueda imaginar, ante el logro de algo que significaba una granepopeya. Hay que recordar que los trabajadores del Perú fueron los primeros del continente en conquistar la jornada de las ocho horas. Antes se implanto en Uruguay, pero fue idea del Presidente José Batlle y Ordóñez; en Cuba fue necesaria la revolución democrática de 1933. En Francia se logro con un movimiento impetuoso de los obreros para que el Parlamento, por

unanimidad, reconociera la jornada de las ocho horas el 23 de abril de 1919 y finalmente, el 28 de junio del mismo año el Tratado de Versalles declaró de importancia particular y urgente la adopción de las ocho horas. Antes hubo revoluciones en Rusia, Alemania y Hungría para que todo ello se alcanzara. En todas estas luchas y victorias, el gran protagonista fue Manuel Caracciolo Levano, de familia campesina y nacido en Lurín. Era panadero en Lima. Poco después se hizo anarquista, sacudido por la predica de Manuel Gonzáles Prada. Rechazaba todo partido político, creía que una

organización sindical poderosa y vigorosa, revolucionariamente bien orientada; podía tumbar por medio de una huelga general al capitalismo. Insurgió cuando el obrero era entonces un verdadero paria en el país, una época en donde un capataz tenía poder de decisión para de un puntapié despedir a quien quisiera. No existían indemnizaciones de ningún tipo. De allí que siempre se dijo: “si nadie, absolutamente nadie, se preocupa de nuestro bienestar, si las añejas doctrinas de la política conservadora no congenian con nuestros generosos sentimientos y propósitos regeneradores; entonces solo queda agruparse, luchar por la consecución de nuestras reivindicaciones por siempre desconocidas, aún cuando el costo sea la misma vida”. Delfín Levano, fue hijo de Manuel Caracciolo Levano, nació al comenzar el siglo en esta Lima, los nombres de los dos Levano marchaban juntos en la lucha hasta el punto de generar confusiones. Ambos desplegaron a lo largo de varios lustros, energía física, coraje, inteligencia y abnegación. Cien veces apresados y torturados y mil veces perseguidos; más tarde se incorporaron elementos notables a cual más, entre ellos Nicolás Gutarra, muerto en los Estados Unidos y Adalberto Fonker que se suicidó en Trujillo. La ideología libertaria anarquista, como todas las ideologías, fue una forma particular de ver la realidad. Expone las características del injusto orden social oligárquico y propone los medios de lucha social y gremial para combatirlo. Puedo decir, y de acuerdo con quienes han estudiado el movimiento anarquista peruano original, que fueron prácticos en la lucha social, y no obstante, un aporte original de este movimiento, es la enorme vitalidad artística y literaria, el intento sin precedentes en nuestro país de crear cultura nueva, revolucionaria, inspirada

en la libertad y la justicia social. Para ellos el Estado era la más clara expresión de la dominación política; era un organismo improductivo que consume y nada crea y tiene la única misión de explotarlos. Consiguientemente, la política era un semillero de ambiciones. Con relación a la Patria, decían, que ella no responde a nada necesario, por el contrario, es causa de conflictos, guerras y semillero de odio, por lo que proclamaban la abolición de las fronteras, para que todos los hombres se consideraran como lo que son, miembros de una sola especie, cuya nación es la tierra. Ya lo dije, Delfín Levano fue un hombre de similares horizontes sindicalistas que su padre. Su solidaridad y

militancia en la causa que abrazo, se reflejaba en todos los aspectos de su vida, particularmente en el movimiento libertario. A pesar de haber cursado solo eltercero de primaria, compenso con creces esa deficiencia, convirtiéndose en un autodidacta; fue dramaturgo, músico, además de poeta, pues, con sencillez de un hombre pobre canta sus dolores y esperanzas a la humanidad y a sus semejantes, con un realismo verdaderamente conmovedor. Sin embargo, por encima de todo, fue obrero panadero. Sus biógrafos dicen, que fue estoico ante las persecuciones, atropellos y abusos, irreductible ante la muerte. Decía como su padre: “ Hoy como ayer, como mañana, seguiremos afirmando nuestro ideal de redención social”. Para terminar con esta referencia a estos dos grandes del anarco-sindicalismo, a los que homenajeamos al presentar un libro relacionado a su vida, ellos, donde quiera que se encontraban decían: “ No somos místicos pensando en la otra vida. Nuestro ideal es el pan, es el bienestar, el poder comer los días y descansar todas las noches; por que esto que es tan poco, que constituye una aspiración tan modesta, nos lo niega la sociedad actual. Hay que conquistarlo y hacia esa conquista se dirigen nuestros esfuerzos”. Podríamos decir que ambos eran discípulos del ruso Krapotkin y del maestro Manuel Gonzáles Prada, quienes en sus escritos sostenían que era preciso asegurar el pan al pueblo. Es menester que la cuestión del pan preceda a todas las demás, luego acotaban: El bienestar para todos así, no es, ni será jamás un sueño. Quiero a continuación, saludar y rendir el más cálido y justo tributo de reconocimiento a quienes no obstante la tiranía del tiempo, hoy aun sobreviven, como integrantes de la Federación de Panaderos “La Estrella”, donde vivieron, militaron y lucharon Manuel y Delfín Levano; ellos son para nuestros días un verdadero patrimonio humano de vida, sacrificio y entrega en la lucha sindical, por la búsqueda de justicia social y reconocimiento de los derechos de los trabajadores de nuestra Patria; Juntamente que otros anarco-sindicalistas, hicieron conciencia de que la revolución es un constante movimiento de renovación moral, política y social, es una perenne lucha del espíritu humano que pugna por abrirse paso entre las marañas ancestrales, en busca de nuevos y más amplios horizontes hacia un nuevo estado de cosas, donde el hombre pueda desenvolverse libremente en sus aspiraciones de perfeccionamiento físico, intelectual, cultural y moral. Que la existencia, debía ser, transitar por el sendero de la vida con la vista fijada en la cumbre donde el sol resplandece, para llegar a la tan soñada tierra para que el bienestar, la libertad, la seguridad y la paz, al lado de la ciencia y de la cultura hagan triunfar a la sociedad, se entiende, una especie de utopía bajo los escombros de un pasado que avergüenza y un presente que nos llena de oprobio y que enerva el espíritu humano. Amigos homenajeados de la Federación de Panaderos “La Estrella”, ustedes se han formado y vivido en la dura escuela del sufrimiento, el abuso, la represión y la necesidad, donde se construyen los caracteres indestructibles de las personas y de los pueblos. Este patrimonio de vida que lo han llevado en todas las manifestaciones de vuestra existencia, encuentra eco, acogida, aplauso unánime en este Foro convocado para honrar la obra de Manuel y Delfín Levano y la de ustedes, sus compañeros de viaje, como primeros pioneros de las grandes reivindicaciones laborales. El solo verlos, abrazarlos, constituirá para nosotros sentir lo que es el trabajador, alguien siempre humano, espontáneo, vivo, dispuesto a darlo todo con generosidad y bondad sinlimites con la espontaneidad de quien espera de sus iguales una muestra de comprensión, sinceridad y verdad a cambio de poco o nada, que sea amor y humana sensibilidad. Un siglo de historia sindical es el que ustedes guardan, con participaciones a cual históricas en cada acontecimiento, en cada hazaña y en su momento. Han transcurrido tantos días, años, y no obstante el peso de los acontecimientos que han dejado hondas huellas en ustedes, aun sobreviven; vigorosos y serenos con una gran confianza en el porvenir del sindicalismo en nuestra patria, con esa maravillosa juventud de espíritu y diría, entonando aún ese canto a la resistencia y la victoria, en una guerra queno termina. Ustedes son

la voz viviente, el espíritu generoso, grande y combativo de aquellos tiempos, de ese periodo de envilecimiento, de abuso, represión y explotación, al mismo tiempo de lucha tenaz para el reconocimiento de derechos laborales, de la dignidad mancillada ante el abandono de las autoridades y el Estado, encontrando siempre en cada acción entereza, para vencer todas las vacilaciones y expulsar todas la vilezas y conformismos. Gracias amigos, gracias trabajadores de la Panadería La Estrella, a partir de ahora y en todos los años que vienen, aprenderemos a admirarlos, a quererlos de cerca y de lejos, recogeremos esta herencia de fe, de esperanzas, de luchas combativas, de fervor y amor por los demás y particularmente por la clase obrera. Ustedes son esos espíritus hechos de luz, esos hombres que el solo conocerlos es bastante para darle sentido a la vida. En medio de tantas amarguras, injusticias, de tantos errores, de tantas miserias, puede uno decir, hemos conocido a Manuel y Deflín Lévano, y eso es bastante. Amigos Secretarios Generales de las Centrale sSindicales presentes aquí, trabajadores de la ciudad y del campo, intelectuales y manuales, reciban el saludo de la Comisión de Trabajo del Congreso de la República, que Presido, en el día del trabajo, los abrazamos con afecto, con fe, augurándoles mejores días y oportunidades en las demandas por una vida humana y digna. Quiero decirles, con las mismas frases de unos de los ejecutados en Chicago, quevuestro silencio, llegará un momento, que será más poderoso que las voces y acciones de quienes se empeñan en ignorarlos o reprimirlos. Esperemos que en los años que vienen se restablezcan los derechos y reivindicaciones que les arrebataron las tiranías que gobernaron el país, y que en vuestros hogares tengan lo necesario e indispensable para cubrir la mesa familiar, con bienestar, derrotando el hambre y la necesidad de hoy, y recuperen esa alegría de vivir tan esperada y con dignidad y así alcanzar la siempre tan ansiada felicidad, siempre al costo de esfuerzo y sacrificio, algo que por ninguna razón se puede renunciar.

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